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La pasión cofrade se convierte en música

La Banda Sinfónica Ciudad de Jaén repasa 30 años de marchas
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10/03/2019
  • COMPOSITORES. La Banda de Música Sinfónica Ciudad de Jaén durante su actuación en el teatro Darymelia.
    COMPOSITORES. La Banda de Música Sinfónica Ciudad de Jaén durante su actuación en el teatro Darymelia.

Las butacas del teatro Darymelia recibieron a las decenas de personas que acudieron a homenajear a los grandes maestros de la música procesional de los últimos treinta años.

La Banda Sinfónica Ciudad de Jaén, bajo la dirección del ubetense Cristóbal López Gándara, repasó las marchas procesionales de palio que han marcado sus distintas intervenciones musicales a los largo de su historia. La mayoría de las melodías que sonaron ayer en el histórico teatro son obra de autores de la provincia, cuya procedencia desconocen muchos jiennenses. Así, se pudieron escuchar a través de los instrumentos de la agrupación al Cristo de la Buena Muerte, del ubetense Manuel Antonio Herrera Moya; al Cristo de la Sed, de Pedro Gómez de la Serna o Virgen de los Dolores, de José San Perna. En total, diez fueron las marchas interpretadas ayer y compuestas por díez grandes maestros de ayer y hoy.

A pesar de su juventud, el actual director de la agrupación musical, Cristóbal López Gándara, cuenta ya con un reconocido prestigio en el mundo cofrade, al tratarse también de un talentoso compositor de marchas procesionales compuestas para la Virgen de la Macarena, de Sevilla o para la Agrupación Musical de Nuestro Padre Jesús Despojado de Jaén, que presentó con media hora de diferencia en el teatro Infanta Leonor, La profecía, el trabajo discográfico con el que se celebra el 20 aniversario de la Amargura. La Banda Sinfónica Ciudad de Jaén también interpretó otra pieza de López Gándara, Lágrimas de amargura, dedicada a la Virgen de la Amargura de la Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Como no podía ser de otra forma, en el Darymelia también sonó la Macarena de Cebrián, mientras que la gran sorpresa de la velada— a pesar de que todo el público tenía puesta la esperanza de que no faltara— fue el Himno de Nuestro Padre Jesús, cuyos ciriales de paso adornaron el escenario del teatro Darymelia.

La falta de espacio en el escenario garantizó que primara la música por encima de cualquier otro recurso artístico, a pesar de que se había preparado una proyección con imágenes de Semana Santa, que finalmente no se mostraron para no ensuciar el concierto.