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viernes, 24 mayo 2019
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URGENTE

Amor sin límites por los libros

“Mimo Libros” está dedicado a la compraventa de libros antiguos en Jaén desde 1997
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  • TRADICIÓN. Un busto del Quijote decora uno de los espacios de la librería, que ofrece volúmenes de toda clase a sus clientes.
    TRADICIÓN. Un busto del Quijote decora uno de los espacios de la librería, que ofrece volúmenes de toda clase a sus clientes.

La por momentos algo inhóspita y ciertamente desangelada, a pesar de su longitud escasa, calle Capitán Oviedo de Jaén, acoge en su tramo final la librería “Mimo” desde 2001, después de un periodo previo de cuatro años junto al Arco de San Lorenzo. Desde allí, callada y sobria, continúa ofreciendo, fiel a la filosofía de los llamados libreros viejos, su oferta de ejemplares antiguos y de ocasión, y resistiendo cual “pueblo en armas contra la soledad”, como dijo Javier Egea sobre la poesía, las embestidas de la era tecnológica.

Al cruzar la puerta, uno casi se siente abrumado por la cantidad de volúmenes de la más diversa índole que, a diestra y siniestra, abarrotan las estanterías del local. La primera ojeada permite vislumbrar algunos tomos de la mítica “Biblioteca Básica” de Salvat. Al fondo encuentra a su gerente, el granadino y jiennense de adopción —no en vano, lleva en la tierra del aceite más de veinte años— Rafael Monje. No es amigo de las cámaras y se refugia entre las cordilleras de libros y el silencio, tan sólo roto por el sonido a medio gas y, por momentos, melifluo de la música radiofónica. Es inmerso en tal atmósfera hipnótica cuando se acaba encontrando sentido al nombre de la librería: “Me han gustado siempre los mimos porque son capaces de expresar sin decir nada, sólo con el gesto”, confiesa Monje mientras termina de embalar con cuidado sumo los últimos pedidos, que tramita a lugares de todo el mundo.

Desde 1997 lleva entregado a la labor de compraventa de libros, un océano profundo al que le empujó a adentrarse “la arrogancia y la inconsciencia de la juventud”. Con veintiséis años, Monje dejó su trabajo como contable en una empresa automovilística, atraído por su afición al mundo que descubrió en su juventud a través de varios de los llamados libreros de viejo, como el también granadino Ignacio Martín Villena. Tal historia invita a pensar en clave romántica, pero Monje, presto, se encarga de trivializar el asunto: “De romántico hay poco, pero sí de salto al abismo”, admite entre risas antes de recordar los tiempos de incertidumbre vividos tras la aparición de los libros electrónicos: “El ebook entró como un elefante en una cacharrería, muy fuerte, pero yo creo que ha llegado a su techo”, algo que le lleva a considerar que el negocio en torno a la bibliofilia sigue teniendo futuro: “Hay gente que tiene la conciencia de que el libro de papel, el objeto, tiene algo de lo que el ebook carece, el olor, una portada bien ilustrada, la encuadernación, el tipo de papel...”

Además, su discurso disiente de las voces que hablan sobre una supuesta pérdida de hábitos lectores. Sin titubeo alguno, afirma: “Cuando yo monté la librería, en España leía el 30 por ciento de la población; ahora lo hace el 60. Aquí compran de toda clase y de todas las edades, entre 14 o 15 y 70 u 80 años”, unas cifras que llaman a la esperanza dentro de un universo del todo atemporal.