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lunes, 20 mayo 2019
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URGENTE

El penúltimo día de la Semana Santa es deslucido por la lluvia

Solo 3 Hermandades realizaron estación de penitencia a lo largo de la jornada

Bocinas roncas despiertan a las calles del casco histórico de la ciudad. En la mañana del Viernes Santo, la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, titular más conocido por el sobrenombre de “Señor de los Señores”, ponía su bandera de guía en las calles andujareñas cerca de las once de la mañana. Esta hermandad reorganizada en el año 2000, pero con libros de reglas conocidos datados en el año 1590, guarda su esencia y sus tradiciones hasta el mínimo ápice, pues realiza estación de penitencia, igual que lo haría en siglos pasados. La corporación, de cortejo nazareno, sin caperuz alzado, con remate en este de una borla morada, avanzó por su recorrido habitual, con momentos de gran emoción, ya que la cofradía mantiene en su cortejo las grandes bocinas con las que anuncian que el paso del Señor se encuentra cerca. La cuadrilla esta formada por hermanas costaleras que, con elegancia, pasearon a Cristo hasta su entrada en el templo pasadas de las dos de la tarde.

En torno a las seis de la tarde, el bullicio en la calle Ollerías, a la altura de la residencia de ancianos “San Juan de Dios”, era palpitable debido a que, en esos instantes, la popular Hermandad de las Angustias ponía su cruz de guía en la calle, así como su cortejo de nazarenos y numerosas mantillas. La imagen de María Santísima data de principios del siglo XVIII, propia de la escuela granadina y de autoría anónima. Sobre su dulce regazo, el Cristo yacente, de autor de igual modo anónimo y restaurado entre 2012 y 2018. La estación penitencial, acompañada de los acordes de la banda de música “Pedro Morales” de Lopera, tuvo que ser rápida y con pocas calles en su recorrido debido al riesgo de lluvia que se contemplaba. Esta hermandad fue la única, en la tarde del Viernes Santo, en llegar a la Carrera Oficial andujareña.

A las ocho de la tarde, el bullicio a las puertas de la capilla del Salvador era palpitable. Cientos de personas esperaban en la Corredera de San Bartolomé a que la Cruz de Guía de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración, Santa María Magdalena y Nuestra Señora de la Amargura se echara a las calles. La corporación, más conocida por el título de “Los Estudiantes”, tomaba la decisión, tras media hora de retraso, de no realizar estación de penitencia a causa de las inclemencias meteorológicas. Una vez que se anunció la triste noticia, la capilla se mantuvo abierta durante un tiempo para visitar a los titulares de la cofradía estudiantil. En su interior se pudo contemplar al Cristo de la Expiración en su paso de madera en caoba, exornado con claveles rojos tras el Señor; el majestuoso paso de palio elaborado por el orfebre sevillano Manuel de los Ríos, con su bambalina frontal bellamente confeccionada por Rosa Caño, además de los portentosos faroles de cola, propios de Orobio de La Torre; María Santísima de la Amargura, bellamente ataviada para su procesión, reinaba en su paso bañado en plata.

El silencio y el recogimiento debió de apoderarse del barrio de San Bartolomé y las calles que conducen a la Carrera Oficial, pues el tambor ronco y los penitentes de la Venerable Hermandad del Santo Sepulcro tenía previsto realizar estación de penitencia por su recorrido corto. La Cofradía que venera a Cristo yacente, decidió salir a las calles andujareñas, pero la incesante débil lluvia no dejó avanzar a su Cruz de Guía desde la puerta del templo a los primeros metros de los adoquines de sus calles. La corporación, fundada en 1580, procesiona la imagen del Señor obra del escultor Francisco Palma Burgo sobre un torno de madera de cedro libanés, normalmente cargado por 33 portadores. De igual modo, la corporación procesiona la Santa Cruz, sobre un pequeño trono, cargado por 12 mujeres, en representación de los apóstoles. Todos los hermanos que integran el cortejo lo hacen con su rostro cubierto por la muceta nazarena. El recorrido, por las calles de su barrio y por las antiguas de la ciudad, además del paso por la Carrera Oficial, hubiera otorgado distintos momentos sobrecogedores y solemnes.

La Semana Santa, a falta de la estación de penitencia de la Cofradía de Cristo Resucitado, llega a su culmen con la procesión de la muy antigua y venerable Hermandad de Nuestra Señora de la Victoría en su Soledad. La corporación que data de 1554 es prácticamente la primera en fundarse bajo el misterio de María en su Soledad en toda Andalucía. La última cofradía del Viernes Santo sí decidió hacer estación de penitencia, pero en su caso, sólo por las calles cercanas a su templo. En torno a las doce de la noche, su paso cargado por hermanos costaleros, con esmero, transcurría por la calle Villegas en busca de su Iglesia y acompañada por marchas fúnebres de la Banda de Música “Maestro Amador”. Durante todo el recorrido, multitud de cofrades y devotos contemplaron a María en su Soledad.