Actualizado
martes, 13 noviembre 2018
17:18
h
URGENTE

Un final feliz para una original cita fotográfica

Balance positivo de la muestra realizada en “La Barra”
Ver comentarios

El bar “La Barra” se convirtió, durante varios meses, en una sala de exposiciones que acogió más de sesenta imágenes cotidianas y festivas que, desde el año 1950, Diario JAÉN recopiló y sacó a la luz gracias a “Jaén bien vale una sonrisa”, una exposición que sirvió como homenaje a todos aquellos que un día regalaron una sonrisa a los fotógrafos de este periódico. Entre las instantáneas se encuentran actos memorables como los escolares de Maristas, de los años 1952 a 1956; la salida de El Abuelo en plena Plaza de Santa María y tras ser restaurado hace casi un cuarto de siglo, y la calle San Clemente, en el año 1973, con algunos Seiscientos aparcados y un Land Rover en circulación.

Esta iniciativa, que nació como una prolongación del 75 aniversario, recoge siete décadas y media de la historia provincial del periódico, que también contó con algunas de las fotografías del jiennense Octavio Ortega, más conocido como “Piturda”, muy presente en la memoria colectiva de Jaén.

PROTAGONISTAS. Diario JAÉN conversa millones de fotografías en blanco y negro entre sus archivos, pero no todas son imágenes de jiennenses sonrientes. Muchas de ellas pertenecen a momentos trágicos que marcaron la historia de la provincia y que despertaron la nostalgia de los más curiosos. Algunas de las instantáneas contaban con un pie de foto explicativo que resumía la ubicación y la fecha en la que se realizaron; sin embargo, otras no informaban sobre esos datos ya que eran imposible recordarlos. Por ese motivo, muchos acuñaron el reto de intentar averiguar quiénes eran sus protagonistas. Este “juego improvisado” atrajo la atención de muchos curiosos que lograron reconocerse a sí mismos o a algunos de sus parientes. Gracias a ello, en el bar “La Barra” se reunieron grandes grupos de personas que celebraron su reencuentro después de varios años y aprovecharon para recordar viejos tiempos que, lejos de estar en blanco y negro, resonaban con color entre carcajadas de alegría y lagrimas de emoción y agradecimiento.