Actualizado
domingo, 23 julio 2017
19:22
h
URGENTE

El Santísimo unge las calles de la capital bajo un sol de justicia

Los abanicos y las botellas de agua, imprescindibles durante la procesión

El Día del Señor se celebró en las calles de Jaén bajo un intenso sol primaveral. El calor no fue impedimento para las multitudinarias pruebas de devoción. Sobre un manto de juncias y plantas aromáticas, la Custodio recorrió la ciudad desde las once de la mañana, en un acto muy especial para los jiennenses y, sobre todo, para los niños de Primera Comunión, que lucían sus galas con ilusión y una mirada reluciente. El Corpus Christi salió al encuentro de los ciudadanos en un ambiente festivo y con cientos de personas que aguardaban su llegada. Cualquier rincón, banco o escaparate que ofreciera algo de sombra donde guarecerse estaba ocupado. Gente de todas las edades agradecían con suspiros una leve brisa o el fresco de un abanico ajeno. Padres y familiares de los niños que salieron en procesión eran los más preocupados. Ofrecían, cada dos por tres, un trago de agua a los más pequeños, que soportaron con auténtico estoicismo la alta temperatura, a pesar de la gran cantidad de tejido que tenía la mayoría de sus trajes de Primera Comunión. La alerta naranja no iba a ser un obstáculo para su día especial.

A las diez de la mañana comenzó la cita, con la eucaristía en el interior de la Catedral de la capital del Santo Reino. Numerosos representantes de la sociedad civil y militar, encabezados por miembros de la Corporación Municipal, de las policías Nacional, Autonómica y Local, así como del Ejército, acudieron al acto. El obispo de Jaén, Amadeo Rodríguez, fue el encargado de oficiar la misa. Asimismo los templos de la Merced, San Bartolomé y San Ildefonso recibieron a decenas de niños de Primera Comunión que, a continuación, se unirían con el grupo al paso procesional.

Nada más cruzar la puerta del Perdón, los jiennenses saludaron al Corpus Christi con una lluvia de pétalos y la Banda Municipal de Jaén tocó los sones del himno nacional. Las engalanadas calles recibieron el paso, que, tras pisar el hermoso mosaico dibujado para la ocasión a los pies del templo, partió desde la Plaza de Santa María, siguió por la calle Maestra, Plaza de la Audiencia, Colón, Cerón, La Parra y Plaza de San Francisco. Continuó por Bernabé Soriano, con sillas plegables a cada lado, accesibles para cualquiera que quisiera hacer uso de ellas. La llega de la Plaza de San Ildefonso, frente a la basílica menor, fue uno de los momentos más emotivos, pues las campanas del templo sonaron y dieron la bienvenida al Cuerpo de Cristo y su cortejo. Después la procesión ascendió por las calles Muñoz Garnica, Ramón y Cajal y regresó a la Plaza de San Francisco, para subir por Campanas y retornar al punto de partida, a la Catedral de la Asunción.

La Banda de Cornetas y Tambores de La Expiración acompañó al Santísimo durante su recorrido, con sones de que avisaban a los viandantes que el Salvador se aproximaba para ser venerado. Los tradicionales altares, con motivos de alusión a la eucaristía, estaban distribuidos por distintos puntos de la ciudad, zonas estratégicas que coincidían con el paso del cortejo. Los clásicos olores a incienso se percibían antes de la llegada de la procesión. Un año más, miles de fieles se echaron a la calle y siguieron el desfile sin perder detalle. Con el regreso del Cuerpo de Cristo a la Plaza de Santa María, los jiennenses se congregaron y despidieron al Santísimo hasta el año próximo.