Actualizado
sábado, 22 septiembre 2018
13:37
h
URGENTE

“Empezaré a aplicar mi decálogo”

Juan Diego Requena
El alcalde de Santisteban del Puerto está convencido de que todo volverá a la normalidad cuando pase un tiempo y tanto él como su contrincante en las urnas, Miguel Moreno, asimilen los resultados de la votación mediante la que consiguió convertirse en el sucesor de José Enrique Fernández de Moya. Tiende la mano a trabajar por Jaén

Lleva una semana como presidente provincial del Partido Popular y, recién aterrizado en el cargo, intenta pisar tierra sin dar un paso en falso. Le cuesta asimilar la posición en la que los compromisarios lo situaron en el congreso celebrado el 21 de mayo y, después de la intensidad de un proceso electoral plagado de dimes y diretes entre las dos candidaturas, quiere centrarse en lo que verdaderamente le importa: el partido y la gente. Juan Diego Requena Ruiz (Santisteban del Puerto, 1980) quiere ser la garantía de futuro de una fuerza política que costará sudor y lágrimas recomponer después de una división abiertamente expuesta al público.

—¿Cómo se siente después de haber sido elegido presidente con un margen de 45 votos?

—En realidad se gana por un voto. La victoria es legítima y, a partir de ahí, sabía que llegaba a un congreso difícil, con dos candidaturas fuertes y potentes, pero también es cierto que hemos llevado una estela de ilusión a la mayoría de los municipios, aunque no a todos, y a partir de ahora tenemos que continuar en la misma línea.

—¿Cómo vivió la etapa previa a la cita congresual?

—Con cansancio físico. Vivo en el norte de la provincia, en el límite con Ciudad Real, y los primeros municipios a los que quise ir fue a los de los extremos de Jaén. Fueron momentos de agotamiento. Con mi coche conté doce mil kilómetros en poco más de un mes, y otros tres mil con el de Francisco Palacios. Entre el 27 de abril y el 21 de mayo nos centramos en municipios comarcales.

—¿Y la jornada del congreso?

—Tenía la responsabilidad de hacerlo bien delante de mi gente, de mostrar un mensaje que fuese de unión, de futuro, de cohesión y de suturación de heridas. Esa responsabilidad infundió nervios, pero tal y como se desarrollaba el congreso y se aprobaban las gestiones, me fui relajando porque veía cómo los resultados eran favorables.

—El 27 de abril perdió en votos y el 21 de mayo ganó gracias al apoyo de los compromisarios. ¿Ve normal que ocurran incongruencias como esta?

—Siempre he trabajado en estas elecciones con mi manual de trabajo, que es nuestro marco normativo, estatutos y reglamento. Los estatutos dicen, taxativamente, en el artículo 35 tan repetido, que del congreso saldrá elegido el presidente con el voto directo de los compromisarios. El 27 de abril tengo los votos que tengo y me siento satisfecho, a pesar de que pierdo. Tengo sensación positiva.

—¿Por qué?

—Primero, porque Miguel Moreno había asegurado por activa y por pasiva que tenía sesenta municipios y ganó en cuarenta y ocho. Dijo que tenía el respaldo de veinte alcaldes y obtuvo el de catorce. Y, por último, nosotros ganamos en cuarenta y tres municipios, algunos tan importantes como la capital, donde obtuvimos más del doble de votos y, además, hay dos listas de compromisarios, noventa y siete adscritos a la candidatura de Juan Diego Requena, noventa y siete a la de Miguel Moreno y, mayoritariamente, los afiliados de la ciudad, con su voto voluntario, libre y secreto, me dieron a mí su apoyo. Eso me da una cierta satisfacción. A partir de ahí, empecé a trabajar sin algaradas ni manifestaciones públicas a mitad de juego, porque hasta el 27 de abril todo eran vinos y rosas, pero a partir de esa fecha se endureció el proceso. Es así la democracia, aceptemos las reglas del juego y, simplemente, a trabajar. Yo también tenía dudas de actas. Vivimos circunstancias muy especiales, en la sede del Partido Popular, en la noche del día 27 de abril, con el secuestro de cuatro actas, la jefa de prensa embarazada que recibió insultos, con el personal amenazado y muchas cosas más que no se pueden olvidar. Sin embargo, ni he llevado el partido a los tribunales, ni he insultado ni faltado el respeto a los compañeros, porque somos compañeros y, sobre todo, porque es una falta muy grave utilizar los medios de comunicación y las redes sociales en este partido para faltar el respeto o insultar a otro afiliado, que será la fase que venga ahora. Este partido no puede consentir que haya afiliados de carné, pero no de corazón, que se permitan el lujo de insultar a otros compañeros.

—¿Tomará represalias?

—No, represalias no, solo que aplicaremos los estatutos. Es un falta grave que un afiliado utilice el Partido Popular para menospreciar a otro militante. Lo que haremos, ante el Comité de Derechos y Garantías, es poner una reclamación para abrir expediente disciplinario.

—¿Se sintió en todo momento respaldado por las direcciones provincial, andaluza y nacional?

—He visto imparcialidad absoluta por parte de cada una de las direcciones, a pesar de lo que se me haya acusado. ¿He contado con militantes y compromisarios de este partido? Sí, a la vista está. Respaldo expreso a través de palabras, acciones u obras, ninguno.

—¿Llegó a sentirse huérfano, como su rival, Miguel Moreno?

—Esta campaña era de equipo, si él esperaba que alguien viniera a hacerle la campaña, a lo mejor es que él tenía unas expectativas previas que no fueron satisfechas. No sé ni por qué se presentaba ni qué perspectivas tenías. Yo lo único que puedo decir es que Miguel Moreno, el día 27 de abril, tenía cincuenta y cinco compromisarios perfectamente organizados en cada una de las sedes locales. Han tenido una convocatoria mediática impresionante y han ido a muchísimos sitios. No sé cómo lo habrán hecho. Yo sí sé cómo lo he hecho yo, pagándolo de mi bolsillo y con la gente que me ha ayudado, compañeros que creían en mi proyecto. A partir de ahí lo único que he tenido son llamadas de la regional para intentar hacer un pastiche y una componenda para llegar a una candidatura, que no hemos aceptado.

—¿Por qué no quiso apostar por una candidatura única?

—Porque sería coartar la democracia de este partido. Se planteaban dos modelos, representados por diferentes personas, y fue un congreso tan participado que hubo más de ochocientos compromisarios y doscientos invitados. Yo nunca fui partidario de integración ni componenda porque, al final, el daño que se le haría a la libertad democrática del partido sería tremendo.

—Habla de pastiche. ¿Cree que obró mal la dirección regional?

—Soy leal, jerárquico y disciplinado. La dirección regional salió elegida de unas urnas y merece todos mis respetos. Si hizo bien o no...

—¿Pero usted tendrá su opinión al respecto?

—Creo que obró de forma imparcial y que intentó mirar por el interés general del partido.

—¿Qué le pareció la ausencia de Juan Manuel Moreno Bonilla, quién sí estuvo en los congresos de todas las provincias?

—Fue por una coincidencia en horarios y solo tengo que decir que me llamó por la tarde para felicitarme. Su dirección estuvo muy bien representada por tres vicesecretarios, por lo que la suma de tres vicesecretarios da como resultado un vicepresidente (ríe).

—Loles López dijo que vio unidad en un congreso evidentemente partido en dos...

—Se había anunciado tanto que iba a ser catastrófico que, al final, no fue así. Antes, durante y después hablé con Miguel Moreno y con miembros de su candidatura. Eso es saber de dónde venimos y adónde queremos ir. Lo primero que hice al día siguiente fue enviar una carta a los presidentes locales ofreciéndoles mis servicios y poniéndome a su disposición.

—La tensión entre miembros de ambas candidaturas se mascaba en el ambiente.

—Es que la pasión es muy poderosa y, cuando tú estás apasionado, surgen los lógicos roces. En la proclamación como candidato, aquello estaba lleno.

—El equipo de Miguel Moreno abandonó el plenario. ¿Le dolió?

—No. Me dolió la actitud de tres miembros de la mesa que, durante mi intervención, se levantaron y se fueron. De las cinco personas que pertenecían a mi candidatura, todas se quedaron a escuchar a Miguel Moreno.

—¿Qué le pareció el abrazo de Miguel Moreno?

—Sincero, porque si no, no lo hace.

—¿Qué le dijo en ese momento?

—Me guardo esa privacidad.

—¿Ha tenido la oportunidad de hablar con él?

—No.

—¿Ni con gente de su equipo?

—Sí, por supuesto. Han sido miles de mensajes los recibidos y cientos de llamadas, y dentro de su equipo hay gente que se ha puesto a mi disposición y, automáticamente, les devolví la llamada.

—¿Qué le parece la impugnación del congreso provincial?

—Ni me preocupa ni me quita el sueño, lo mismo que no me lo quitó la denuncia, ni las voces mediáticas dadas. Lo que me preocupan son los insultos en las redes sociales. El día 21 se acabó el congreso y, aunque es lógico que no es fácil asimilar ni la derrota ni la victoria, nos tenemos que poner a trabajar.

—¿Tiene constancia de bajas en el Partido Popular?

—Tengo alguna afiliación más.

—Usted prometió integración después del congreso. ¿Lo hará?

—Por supuesto. Estatutariamente hay cargos reservados para cumplir con mi promesa.

—En su equipo directivo no hay una sola persona del equipo de Miguel Moreno.

—Hay puestos que no están asignados, lo mismo que vocales de libre designación y secretarías de área que me he reservado.

—¿Se siente presidente?

—Tengo que asimilarlo, sigo en mi dinámica de mi Ayuntamiento de Santisteban, la mejor manera de tener los pies en el suelo.

—¿Dejará la Alcaldía?

—No, seguiré al pie del cañón, porque en el día hay tiempo para todo.

—¿Cómo piensa recomponer el Partido Popular de Jaén?

—Tengo diez vicesecretarios que tienen cada uno de los pilares fundamentales que se necesitan para hacer un buen partido: capacidad para dialogar, para realizar visitas a los pueblos y para escuchar a la gente. Será tal fácil como aplicar mi decálogo. El problema es que aquí se nos está olvidando lo más importante: tenemos una presidenta de la Junta de Andalucía perdedora que lleva dos años sin hacer nada y que sus cuentas de gestión se resumen en cero patatero. Es una inanición absoluta, de tal forma que tenemos que hacer lo posible para que los problemas en las carreteras no se resuelvan con una línea amarilla y una señal de peligro, sino con obras e infraestructuras reales. Trabajar en aquello que, finalmente, nos duele y en lo que tenemos que poner el acento los partidos políticos, es decir, fiscalizar la labor de gobierno y atajar los problemas de los ciudadanos.

—Los congresos locales están a la vuelta de la esquina. ¿Cómo los afrontará?

—Escuchando al afiliado. Cada estructura local decidirá su futuro escogiendo al mejor, la manera más adecuada de salvaguardar el interés de cada municipio. Las imposiciones no son buenas. Sí rogaría que no pasen por la división previa, en base a las personas, por la que hemos pasado nosotros. Que el debate sea de ideas y que los congresos sirvan para ganar alcaldías.

—¿Algún llamamiento a la reconciliación con Miguel Moreno?

—Es un extraordinario alcalde de la provincia, es una persona que ha sido respetuosa siempre con el partido, que ha defendido los intereses de sus ciudadanos de la mejor manera posible, individualmente es un valor muy importante, pero no sería nada si no tuviera el Partido Popular detrás, y como él lo sabe, Miguel Moreno se pondrá a disposición del partido en la posición en la que él considere que se siente cómodo.

—¿Contará con él en lo orgánico?

—De momento, hay vacantes.