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URGENTE

“Tenemos que hacer un frente común para sacar Jaén adelante”

Francisca Molina navarrete
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13/01/2017
Recién aterrizada como máxima representante del Gobierno central en

Hoy será un día importante en su vida. Ya tomó posesión como subdelegada del Gobierno en Jaén en un acto oficial celebrado en Sevilla. Pero el que acoge, a las diez de la mañana, el Nuevo Teatro Infanta Leonor, será entrañable. Su gente, en su tierra, la acompañará en la presentación pública de un recién estrenado cargo, en el que se siente cómoda. Francisca Molina Navarrete (Jaén, 1962) emprende un nuevo camino en el que confía estar a la altura.

—¿Le costó decir “sí”?

—Cambiar de vida siempre cuesta y la verdad es que el trabajo en la Concejalía de Cultura me gustaba. Me costó también mucho dejar la Universidad de Jaén. Siempre he tenido la suerte de encontrarme a gusto y, además, donde he estado he hecho cosas que me han interesado. Lo que ocurre es que en esto vi un reto y me pareció interesante.

—¿Qué deja en el Ayuntamiento?

—Personas. Dicen que la política crea muchos enemigos, pero no es mi caso. Siempre me he sentido a gusto con mis compañeros de Corporación, también con la oposición y, en este sentido, creo que para cualquier cosa que yo busque a ellos o ellos a mí, nos vamos a encontrar. Los políticos somos la cara visible, pero el trabajo de fondo lo hace el personal que trabaja en cada Administración, y he contado con excelentes profesionales en el Ayuntamiento. Principalmente, en la Concejalía de Cultura, que es un poco anárquica por el tema en sí, y ellos estaban a deshoras y no les importaba.

—¿Cómo la recibieron en la Subdelegación del Gobierno?

—Bien. Es verdad que esta Administración es diferente. En el Ayuntamiento es todo más cercano, pero aquí me he sentido muy bien acogida y el personal, muy amable desde el primer día.

—¿Recibió algún consejo de su antecesor, Juan Bautista Lillo?

—Juan Lillo me ha ayudado, porque en la primera semana él estuvo aquí y, además, de él se puede aprender mucho, porque es un hombre de consenso y dialogante. Me ha dado consejos.

—¿Cuáles serán sus prioridades como subdelegada?

—Yo soy consciente de que represento el Gobierno de España, que también tiene relación con los ciudadanos, porque los jiennenses son españoles. Mi prioridad es atender y escuchar los problemas de la gente y tener la puerta abierta, como siempre.

—¿Ha tenido la ocasión de reunirse con los representantes de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado?

—Sí. Tengo que decir que me parecen unos magníficos trabajadores, unas personas muy responsables, que están dispuestos a cualquier hora del día y de la noche y me siento muy arropada por ellos. Son personas de confianza, en contra de esa opinión equivocada de que están para restringir y sancionar. Debe cambiar la visión, porque su trabajo requiere mucho sacrificio y generosidad por el bien común.

—¿Qué les transmitieron?

—Fundamentalmente, el apoyo, la confianza y la seguridad de contar con personas que están ahí para cuando las necesites.

—¿Será reivindicativa con el resto de administraciones, incluido el Gobierno central?

—Soy una persona justa. Lo que Jaén necesite, se lo pediré a quien se lo tenga que pedir. Luego está que te lo den o que no. Muchas veces no se puede. Lo he vivido de cerca en el Ayuntamiento, que la situación económica manda y, en este sentido, soy consciente de lo que hay. Ese juego en el que entramos los políticos de pedir imposibles por parecer que mostramos más interés no nos hace mucho bien. Yo creo que deberíamos ser todos más sensatos y razonables, buscar prioridades e intentar llevarlas a cabo. Es como si mi hija me pide un Ferrari; puedo tener mucho interés en dárselo, pero no se lo puedo dar.

—¿Qué necesita la provincia?

—En Jaén hay muchos proyectos a medias y el Gobierno central luchará por terminarlos. Uno de los problemas más serios es el de las comunicaciones. A golpe de vista se ve que cualquiera que quiera desplazarse desde Jaén lo tiene mucho más difícil que otras provincias, y en eso hay parte del Gobierno central y de la Junta de Andalucía. Tenemos que hacer un frente común para sacar Jaén adelante. Cuando a alguien se le quiere hacer daño, lo primero que se hace es incomunicarla. Si eso se traslada a una provincia, la comunicación es muy importe, porque es lo que te abre el camino. Pondré especial interés en esto.

—¿Llegará alguna vez la alta velocidad a la provincia?

—Me encantaría, aunque yo no sé si lo veré.

—¿Qué necesita la capital?

—Jaén necesita instalaciones propias de una capital de provincia, algo que es público y notorio. Es cierto que la ciudad ha cambiado mucho, pero hay infraestructuras, como las hospitalarias, que claman por una remodelación profunda. Es triste tener que ir a Córdoba a determinadas intervenciones o a Cabra para la radioterapia. En el plano educativo, la Universidad de Jaén le ha dado mucha vida a la capital y, aunque no tengamos todas las titulaciones, hay un abanico importante para medio defendernos. Sin embargo, en otros aspectos, hay edificios obsoletos y hace falta luchar para que Jaén deje de ser la gran olvidada de Andalucía.

—¿Usted cree que es la Cenicienta de Andalucía?

—Sí. No crea que yo estoy estigmatizando a nadie y diciendo que lo han hecho mal los políticos, pero sí siento que es el momento de que la vista se vuelva hacia Jaén, una provincia muy grande, rica en agricultura y necesitada de un gran empujón para ganar presencia en el mapa de Andalucía.

—¿Qué opina del tranvía?

—Voy a ser sincera. Me pareció una locura el trazado por la orografía que tiene esta ciudad, que tiene dos calles y, si prescindes de una, creas un problema. Creo, personalmente, que se pondrá en marcha, pero tal y como está no le auguro un buen futuro. Si llega a los pueblos limítrofes, sí le veo sentido; así no.

—Pero para que haya una segunda línea tiene que existir siempre una primera...

—Sí, pero quizás sería más importante la segunda que la primera, que destrozó la ciudad por completo. Yo veo un problema cuando se ponga en marcha y haya un solo carril para los coches. Es verdad que la inversión ha sido muy grande para que esté parado y algún arreglo tendrá.

—Acaba de aterrizar en el nuevo cargo. ¿Ha tenido acceso a las cuentas para saber si la Subdelegación está saneada?

—Como traía la deformación del Ayuntamiento, lo primero que pregunté es cuánto dinero debíamos. Me llevé una sorpresa cuando me dijeron que el presupuesto no es grandioso, pero no debemos nada. Respiré profundamente y sentí una gran paz.

—¿Le han pedido los responsables de la Policía Nacional una nueva sede para la Comisaría?

—Sí, me lo han pedido. Es un problema que tenemos que afrontar y me reuniré con los ministerios pertinentes para conseguirlo. También es verdad que el terreno está en un enclave privilegiado, por lo que no partimos de cero, así que haré lo posible para encontrar una solución rápida.

—El catálogo de policías está al 80%. ¿Le preocupa?

—Bastante. Estamos también sobre ese tema. Mantendremos reuniones con el delegado del Gobierno en Andalucía para solucionar ese grave problema.

—La ausencia de un módulo hospitalario para presos obliga a desplegar a once policías cada día. ¿Se podrá unificar este servicio algún día?

—Yo sé que mi antecesor tuvo conversaciones con la delegada del Gobierno andaluz, Ana Cobo, en las que solicitó la reserva de un pabellón en el hospital para los reclusos con necesidad de asistencia sanitaria. Cuando me reúna con ella retomaremos ese tema, porque por cuestiones de seguridad y por ser prácticos tenemos que construir un área determinada, cosa que no veo difícil.

—¿Más difícil será mejorar los cuarteles de la provincia?

—Sí. Los edificios van cumpliendo años y hay que echarles un vistazo. Es otro de los retos a los que me tengo que enfrentar y dependerá del dinero que tengamos.

—¿Es Jaén una tierra segura?

—Sí, Jaén es una provincia segura. Estamos, en la ciudad, que es donde más complicación hay, veinte puntos por debajo de la media española en el índice de peligrosidad. Si fuéramos conscientes del trabajo callado de las fuerzas y cuerpos de seguridad, estaríamos muy orgullosos.

—¿Cómo se puede combatir la violencia doméstica?

—Es un problema educativo. Se puede combatir con las unidades especiales existentes, pero para erradicar la violencia hace falta un cambio educativo en las escuelas y en las familias. La violencia empieza en las casas y muchas veces somos las madres quienes comenzamos a transmitirla en detalles pequeños. Me da miedo cómo los jóvenes admiten el insulto y la agresión como un hecho natural, cosa que hay que erradicar, porque eso no hay fuerza armada que lo pueda combatir.

—¿Será una subdelegada cercana al ciudadano?

—Procuraré serlo.

—¿Cuál será hoy su mensaje?

—Fundamentalmente, de agradecimiento a la sociedad.

—¿Su libro preferido?

—El Camino, de Miguel Delibes.

—¿Un plato?

—Huevos fritos con patatas.

—¿Un color?

—Azul.

—¿Un número?

—El siete.

—¿Una película?

—Barry Lyndon.

—¿Un deseo?

—El bienestar de todos.

—¿Una virtud?

—La serenidad.

—¿Un defecto?

—La tenacidad.